Esas cosas que van desapareciendo
Me hice viejo el día que dejé de ver a los gitanos con sus cabras por las calles.
Cuando los Testigos de Jehová y los vendedores de enciclopedias dejaron de llamar al timbre.
Cuando al pasar al lado de tabernas, tugurios y bares ya no se escuchaba a nadie cantando ese flamenco castellano con voz cazallera.
Cuando dejé de escuchar cantar a las señoras a la hora de colgar la ropa.
Cuando dejé de escuchar el sonido de los afiladores (y colchoneros) por las calles con sus silbatos cuyo nombre real ya no recuerdo de viejo que me hice, haciendo piloríiiiiiiiiiiii piloríiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Las calles no huelen a farias y a fritanga.
Se murió Luis Carandell, ya no hay cines de barrio de dos sesiones a 100 pelas (60 céntimos, más o menos, para los blogueros que tienen entre 12 y 28 años y no los casi 38 que calzo yo).
¡Carpetovetonia se rompe!


































































































































Yo tampoco recuerdo estas cosas tan reales q antes habia en nuestra vida cotidiana pero q le vamos ha hacer cada vez nos vamos modernizando mas pero tampoco ahi q olvidar esto.
26/03/2008 at 15:20 · permalink
Si? respondiendo a tú último post...
26/03/2008 at 16:37 · permalink
Carpetovetonia no sé, pero bajo el barniz costumbrista que pintas, también es cierto que cada una de las realidades que señalas proporcionaban trato humano, humanizaban la ciudad, obligaban a la conversación o al interactuar entre los que habitaban la ciudad.
Tal vez no deseemos el olor a farias, pero sí estaría bien un costumbrismo del sigloXXI que dotara a los viandantes de humanidad, y a la ciudad, de rostro humano.
26/03/2008 at 18:17 · permalink
jeje, es que hay grupos que casi que mejor no verlos en directo :P. El losing my religion humilla :).
26/03/2008 at 18:30 · permalink